martes, 15 de septiembre de 2015

Camino y sentido

La pregunta por el fin, el sentido, la gracia o el chiste de la vida, -sin importar la condición social o personal o situacional- es ineludible.
Primero, porque alguna intención -plausible o velada- ha de existir; no se vive para nada, o por nada. (se preguntarían algunos)
Segundo, debe significar algo en la inmensidad del horizonte, que tengamos una esencia que se materializa o se despliega en la "realidad".
Tercero, nuestra existencia nos remite constantemente a esa pregunta, nos empuja, es más, nos acorrala a su planteamiento y nos obliga a buscar respuesta; no pocas veces nos hemos visto en jaque frente a las situaciones más cotidianas -también en las "menos" cotidianas- y no pocas veces decidimos deliberadamente evitar la confrontación.

«Tanto va el agua al cántaro que por fin lo rompe», reza el adagio popular. Lo que no quisimos responder nos interpela (por no decir que nos asfixia). Y, en esa lucha, debemos responder, o debemos exigir respuestas.

"Dime tu nombre" inquirió Jacob al extraño que luchaba con él. "Dame entonces tu bendición" le obligó al rayar el alba.

La lucha, el tumulto, la dificultad, la carencia; en últimas el límite hace que encontremos las respuestas, que las producimos, que las expresemos:
«And if you listen very hard
The tune will come to you at last
When all are one and one is all
To be a rock and not to roll»
...
Ohhhh, Makes me wonder...